Sala de los momjes monasterio de Veruela

El Cister Ibérico

Un recorrido por los monasterios cistercienses de la península ibérica

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Sala de los monjes

En muchos monasterios cistercienses, esta estancia estaba dedicada a los trabajos y al desarrollo intelectual de los monjes, también se denomina scriptorium, en el que los monjes copiaban manuscritos y escribían textos sagrados. La sala solía ser un espacio rectangular con bóvedas de crucería, con columnas centrales, de las que parten los arcos fajones, con mucha frecuencia con perfiles achaflanados o de sección prismática, que proporcionan una imagen como de ramas de palmeras que sustentan la bóveda. Esta imagen es muy repetida en los distintos monasterios y puede encontrarse en otras estancias como el dormitorio de conversos. Normalmente la sala de los monjes se encuentra en un extremo del claustro. con acceso directo desde este. Suelen ser habitaciones sencillas poco adornadas y con capiteles lisos en las columnas centrales. Los arcos se apoyan en los muros, descansando en ménsulas que cierran estos a media altura de la pared, dejando el espacio inferior diáfano para facilitar la ocupación de los espacios por los monjes.

Todos los monasterios tenían una dotación mínima de libros que eran transportados por el grupo fundador y que se elaboraban en el scriptorium del monasterio fundador o casa madre o incluso eran de la casa fundadora original como Claraval o Morimond y se habrían transportado en el momento de la fundación. Entre los libros imprescindibles estaban, La Regla de San Benito, los libros para la liturgia de la misa, el Misal, los Santos Cuatro Evangelios, el Gradual, el Leccionario y el Manual de Oraciones, los libros para la liturgia de las horas: el Himnario, el Salterio y a estos, se podían añadir otros como los Sermones y Epístolas de San Bernardo, y el Exordium Cistercienses Coenobi. Cuando los abades de las casas madres visitaban las nuevas fundaciones, podían detectar carencias en las bibliotecas, y mandar cubrirlas por medio de la censura pastoral. Esto tenía implicaciones económicas pues el encargo de los nuevos libros, debía realizarse a la casa madre, con el consiguiente circuito económico. También podía ocurrir que en los viajes de los abades al capítulo general de Cister anual, trajeran con ellos nuevos libros que se incorporarían a la biblioteca del monasterio. También los monasterios, tenían derecho a enviar a uno de sus monjes, cada cierto tiempo, a estudiar al colegio de San Bernardo en la Universidad de París, que se funda en el siglo XIII.

Una máxima de San Bernardo decía "Mas se aprende en los bosques que en los libros. Los árboles y las rocas te enseñarán cosas que no aprenderás en otros lugares". Esto puede hacer pensar que los cistercienses despreciaban el conocimiento escrito, sin embargo la realidad es bien distinta. De los libros originales que llegaron a los monasterios con sus fundadores se tuvieron que realizar copias.

La Regla de San Benito, recomienda leer a diario y dedicar todo el domingo a hacer la Lectio Divina, consistente en recitar y memorizar el contenido de los libros que componen la Biblia, incluyendo los libros que conducen o se derivan de ella. Cada fraile debía recibir un volumen y leerlo, por tanto debía existir un taller de elaboración de escrituras, que en algunos monasterios consiguieron gran actividad para abastecer, al monasterio, las granjas de hermanos legos y las parroquias dependientes del monasterio. (Bibliografía)

Ademas de los libros litúrgicos, en cada monasterio existían libros administrativos, en los que se recogían las cuentas, los contratos, donaciones y demás documentación, estos eran el libro de Bolsería con la contabilidad oficial del monasterio, el libro Cartulario o Tumbo o Becerro donde se recogían los datos de interés en la historia del monasterio, así como sus privilegios, donaciones, escrituras y pertenencias

Inicialmente estos libros estaban escritos en pergamino y posteriormente en papel. Los Institutia prohibieron los libros lujosos e impusieron evitar las miniaturas para que los monjes no se distrajeran. Solo se permitía el ornato en las mayúsculas capitales de inicio de párrafo.

En los monasterios existían tres cargos monásticos que se relacionaban con los libros, el chantre, el monje notario y el cillerero

El chantre debía velar por la conservación de de libros y documentos , custodiaba la llave del armarium que normalmente estaba situado en el claustro cerca de la entrada a la iglesia, y era el responsable del scriptorium

El notario trabajaba en el scriptorium que estaba encargado de redactar testamento en caso de que algún visitante, enfermase en el monasterio y quisiese hacer testamento, también se encargaba de redactar acuerdos con los habitantes que pagaban impuestos a las abadías, o recogía el testamento de nobles que acudían a ellos para este servicio.

Por ultimo el cillerero, bajo cuya responsabilidad estaba la administración de las provisiones y bienes almacenados o producidos por la abadía y escribiría las cuentas en el Libro de Bolsería y el Libro de Apeos (registro universal de las propiedades del monasterio).

La Iglesia
Sala Capitular
El Refectorio
El dormitorio
La cocina
La cilla

Mayúsculas capitales

Bibliografía

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