Un recorrido por los monasterios Cistercienses

de la Península Ibérica


 
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La cocina

La cocina es un lugar importante dentro del monasterio, en ella se prepara la comida de la comunidad, se sitúa en una de las pandas del claustro en el espacio contiguo al refectorio, con el que comunica a través de una ventana que permitía pasar los platos y la comida. Las cocinas podían tener una chimenea central evacuando el humo a traves de un orificio en el centro del techo de a habitación, o presentar una estructura de chimenea adosada a la pared. En muchas el agua canalizada corría a través de conducciones que permitían utilizarla para la elaboración de los alimentos y para el fregado de los utensilios.

La comida en los monasterios

"Sírvanse los hermanos unos a otros, de tal modo que nadie se dispense del trabajo de la cocina, a no ser por enfermedad o por estar ocupado en un asunto de mucha utilidad"

"Nos parece suficiente que en la comida diaria, ya se sirva ésta a la hora sexta o a la hora nona, se sirvan en todas las mesas dos platos cocidos a causa de las flaquezas de algunos, 2 para que el que no pueda comer de uno, coma del otro. 3 Sean, pues, suficientes dos platos cocidos para todos los hermanos, y si se pueden conseguir frutas o legumbres, añádase un tercero.

4 Baste una libra bien pesada de pan al día, ya sea que haya una sola comida, o bien almuerzo y cena. 5 Si han de cenar, reserve el mayordomo una tercera parte de esa misma libra para darla en la cena.

6 Pero si el trabajo ha sido mayor del habitual, el abad tiene plena autoridad para agregar algo, si cree que conviene, 7 evitando empero, ante todo, los excesos, para que nunca el monje sufra una indigestión, 8 ya que nada es tan contrario a todo cristiano como la glotonería, 9 como dice el Señor: "Miren que no se graven sus corazones con la voracidad". 10 A los niños de tierna edad no se les dé la misma cantidad que a los mayores, sino menos, guardando en todo la templanza.

11 Y todos absténganse absolutamente de comer carne de cuadrúpedos, excepto los enfermos muy débiles."

Estos dos párrafos de la Regla de San Benito, recogen como debe ser la comida del monasterio y su reparto, la totalidad de las actividades de la comunidad están recogidas en la regla y por tanto a ella se ajusta toda la actividad del cenobio. La frugalidad de la comida cisterciense se pierde en algunos monasterios con el paso del tiempo, llegando a ser famosos por su cocina como en el monasterio de Alcobaça, en la chimenea de cuya cocina, restaurada en el siglo XVIII, se podían asar hasta ocho vacas y se elaboraban platos famosos por su opulencia, de tal forma que en 1794 William Beckford alabó los platos que salían de este "templo de la glotonería".

En general los monjes comen dos veces al día una sobre las tres de la tarde y otra despues de vísperas, quedando a criterio del abad el realizar épocas de ayuno durante el verano, en las que solo se sirve una comida o durante la cuaresma cuando esto se convierte en norma.

"En Cuaresma, hasta Pascua, coman a la hora de vísperas. 8 Las mismas Vísperas celébrense de tal modo que los que comen, no necesiten luz de lámparas, sino que todo se concluya con la luz del día. 9 Y siempre calcúlese también la hora de la cena o la de la única comida de tal modo que todo se haga con luz natural."

La bebida en los monasterios

"Cada cual ha recibido de Dios su propio don, uno de una manera, otro de otra", 2 por eso establecemos con algún escrúpulo la medida del sustento de los demás. 3 Teniendo, pues, en cuenta la flaqueza de los débiles, creemos que es suficiente para cada uno una hemina de vino al día. 4 Pero aquellos a quienes Dios les da la virtud de abstenerse, sepan que han de tener un premio particular.

5 Juzgue el superior si la necesidad del lugar, el trabajo o el calor del verano exigen más, cuidando en todo caso de que no se llegue a la saciedad o a la embriaguez. 6 Aunque leemos que el vino en modo alguno es propio de los monjes, como en nuestros tiempos no se los puede persuadir de ello, convengamos al menos en no beber hasta la saciedad sino moderadamente, 7 porque "el vino hace apostatar hasta a los sabios".

8 Pero donde las condiciones del lugar no permiten conseguir la cantidad que dijimos, sino mucho menos, o nada absolutamente, bendigan a Dios los que allí viven, y no murmuren. 9 Ante todo les advertimos esto, que no murmuren.

De nuevo la regla de San Benito intenta establecer el delicado equilibrio entre la satisfacción y el pecado en relación con la bebida. La hemina es una medida romana equivalente a medio sextario , es decir aproximadamente 750 ml. El cultivo de la vid en los monasterios debió ser muy frecuente, como atestiguan los adornos vegetales de hojas de parra muy habituales en los claustros del cister. El vino además de para el consumo propio era una mercancía muy apreciada y daba buenos beneficios a los monasterios. En algunos se conservan lagares y bodegas, e incluso siguen en la actualidad fabricando vino.

 

 

 

 

La Iglesia
El Claustro
La sala capitular

El refectorio

El dormitorio
La cilla
Sala de los monjes