Un recorrido por los monasterios Cistercienses

de la Península Ibérica


 
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Situación

Sacramenia

Segovia

Horario de Visitas

Miércoles de 10 a 13 h

Propietario

Particular

Estado de Conservación

Se conservan la iglesia y la Cilla, en buen estado

Obras

No

Comunidad religiosa

No

Culto

No

Restricciones Visitas

Solo se puede visitar la iglesia

Pagina Web

No

Otros servicios

No

Alrededores

Peñafiel

 

Monasterio de Santa María de Sacramenia

Iniciamos como siempre la cuestión de la fundación del monasterio, complicada situación en el caso de Sacramenia, tradicionalmente se ha afirmado que se funda en 1141, con una donación de terrenos por Alfonso VII, si bien esta fecha no se sostiene con ninguna documentación fiable. Sí se puede afirmar que en 1144, ya era un monasterio cisterciense gracias a un documento de Alfonso VII en el que hace referencia al monasterio de Santa María y San Juan de Sacramenia, pero este documento que ha llegado a nuestros días mediante copias, precisamente establece la duda pues en una copia hace referencia a que el monasterio seguía la regla de san Benito, mientras en otra copia hace referencia a que el monasterio pertenecía a la orden de San Benito, con lo que la interpretación sería la de un monasterio benedictino. Precisamente esta advocación de San Juan ha hecho pensar que podría tratarse de un monasterio anterior y que se afiliara al cister en estos años, aunque esto es mas una especulación sin base cierta.Existe una bula de Inocencio III en la que el Papa deja bien claro la pertenencia a la orden Cisterciense del monasterio, pero esta es de 1179. También existe un documento del obispo de Osma expedido en 1168, en el que se hace referencia clara a la pertenencia del monasterio a la orden de Cister.

En resumen, no se puede dar una fecha de fundación, y tampoco se puede afirmar que Sacramenia fuera una fundación, con un grupo de monjes del Monasterio francés de Scala Dei, a su vez filial de Morimond, como pretende la tradición. Parece por otra parte que la advocación de San Juan que pudiera ser rechazada al tratarse de un monasterio cisterciense, se debió a la figura de un anacoreta que habitaba en el lugar, que se alimentaba de pan y agua, de donde extrajo su nombre por el que era conocido por la población cercana, Juan Paniagua, y que con fama de santidad fue enterrado a su muerte en el monasterio, lo que hizo popular la denominación de monasterio de San Juan, y que esta denominación de hace incluso por el Papa Alejandro III, que se refiere al monasterio de San Juan de Sacramenia, en unas fechas en las que indudablemente ya era cisterciense, lo que supone una excepción a la rígida norma cisterciense de la advocación mariana de sus monasterios.

Sucesivos monarcas y nobles aumentan el patrimonio del monasterio en años posteriores, como el conde Pedro Manrique en 1172, Alfonso VIII y Fernando II de León en 1183, que le otorga libertad de pastos en todo su reino y liberándolo del pago de portazgo.

El edificio de la iglesia debió iniciarse en los últimos años del siglo XII, alcanzando los primeros del siguiente, bajo el reinado de Alfonso VIII, en esta primera fase se debieron cerrar las naves de manera provisional con techumbre de madera, y no es hasta el siglo XV cuando se cubren las naves con las bóvedas actuales, al incorporarse el monasterio a la Congregación de Castilla en 1485

Durante el siglo XV sufre problemas a cargo de D. Pedro de Luna, bajo los mandatos de los abades comendatarios García de San Martín y Juan de Aceves.

En 1674, el monasterio sufre un incendio, siendo reconstruido mediante la donación en testamento de D. Alonso de Carden Peralta y Pacheco, caballero de la orden de Santiago, con dos mil ducados. Estas obras supusieron un agrandamiento del monasterio y la terminación del segundo piso del claustro

Con la desamortización de 1835 termina la existencia de comunidad religiosa y empieza el expolio y ruina del monasterio. Pasando el monasterio a manos de D. Ramón Cano y tras sucesivas sucesiones y ventas el monasterio se convierte en granero, almacén, establos, llegando en progresiva ruina hasta el año 1925, en que se produce el suceso mas penoso en la historia de nuestro monasterio.

En el año 1925, un intermediario, adquiere el claustro de Sacramenia por 40.000 $ pagados por le magnate americano William Randolph Hearst, que hizo desmontar el claustro y la sala capitular y embalarlo en cajas para ser rasladado hasta Estado Unidos, donde le millonario esta construyendose una mansión, en la que el claustro sería el centro de su vivienda. Fue el yerno del propietario Carlos Guitián, Eugenio Colorado quien a la muerte de su suegro llevo a cabo la negociación, con la venta de todo el monasterio excepto la iglesia, que pensaba que pertenecía al estado y que no se incluyó en el contrato. Las cajas con las piedras embaladas se despacharon en ferrocarril hasta Valencia y allí embarcadas a Estados Unidos. Precisamente el hecho de tener que utilizar paja para protejer las piedras tendrá un capital importancia en el desenlace de esta historia, pues el gobierno de EEUU, prohíbe su importación, dada la posibilidad de estar infectada por la fiebre aftosa, entonces muy extendida en España. De esta manera las cajas son interceptadas por el departamento de agricultura americano, estableciendo una cuarentena y obligando a sustituir la paja por viruta de madera y quemando el anterior embalaje. El cargamento quedó inmovilizado durante treinta meses. Hearst debió cambiar su idea inicial para Sacramenia, y posteriormente concibió un nuevo destino para sus piedras, el museo de arte medieval que quería llevar a cabo en la universidad de Berkeley, para lo que contaba con otros siete claustros, cuatro franceses, dos italianos y uno inglés. Este nuevo proyecto no se pudo llevar a cabo debido a la depresión económica del año 1929, impidiendo la realización de los proyectos por motivos económicos. Aún así en 1930 adquirirá y transportará hasta EEUU el monasterio alcarreño de Óvila. El año 1937 marca el ocaso del imperio Hearst, que tiene que proceder a vender sus colecciones de arte.

Las piedras de Sacramenia permanecieron embaladas en unos almacenes en el Bronx durante 25 años, hasta que el 4 de diciembre de 1951, se vendió por 7.000 $, a dos promotores inmobiliarios, que pensaron que estas piedras podrían tener un inmenso atractivo para sus negocios en Miami.

Al desembalar las piezas, comprueban que gran número de ellas han sido trastocadas durante la operación del cambio de mullido, habiendose perdido las referencia de los embalajes. Fue entonces necesario recurrir a la apertura de todos los embalajes e intentar la reconstrucción mediante los planos no muy detallados realizados por Byne durante su desmontaje, además comprueban que al embalar las piezas, se marcaron con una O las de la panda oriental del claustro y que se había utilizado la misma marca O para la occidental. Por tanto el montaje final es una aproximación a los que debió ser en su día el claustro de Sacramenia.

Finalmente el complejo turístico para el que se había diseñado el claustro fracasó y no terminó de construirse, la construcción fue adquirida por la Diócesis Episcopal del Sur de Florida que instalo su iglesia en el refectorio y mantiene el complejo con el nombre de "The Church of Saint Bernard de Clairvaux

En 1931, el conjunto de ruinas en que se había convertido el resto del monasterio, se declara monumento histórico artístico por el gobierno de la república, sin que esto supusiera ningún intento de recuperación del edificio.

En 1973, El Coto y los restos del monasterio, cambian de dueño y los nuevos propietarios, Ignacio Bernar y Virginia Elorza , inician un proceso de recuperación del conjunto, con el apoyo del Ministerio de Cultura y con la Junta de Castilla León. Posteriormente en 1994, Eduardo Sánchez Junco y Mª del Carmen Perez Villota, adquieren la propiedad, llevando a cabo el proyecto de restauración de la iglesia y la cilla, que culminará en 1998

Es una grata impresión la que experimenté al visitar la iglesia de Sacramenia, pues el edificio tiene una belleza especial, a la que no hacen justicia las fotografías que había podido ver en algunos sitios de Internet, la iluminación de la iglesia y el cálido color de sus piedras dejan una imborrable impresión en quien contempla su interior. Es una pena que solo se puedan visitar un día entre semana, pues merecería mayores facilidades poder contemplar esta maravilla cisterciense.

 

La Iglesia